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jueves, 13 de enero de 2011

Entre Bastidores: Cultura Contemporánea

"Atlas, como llevar el mundo a cuestas?" es la exposición en la que Georges Didi-Huberman nos muestra como el hombre conoce el mundo comparando imágenes y ragrupándolas, también inconscientemente.


Lo realiza acercando imágenes por asociación de ideas, por paralelismo o similitud de tipo visual o conceptual. Las imágenes son trocitos de mundo recolocados, puestos en dialogo entre ellos en un proceso de intensificación de un rasgo semántico hacia el resultado de resemantización del grupo de imágenes como entidad unitaria. La posición que asumen les confiere un nuevo valor en el espacio y en el tiempo, el nuevo contexto las eleva a nueva vida. Atlas pone en evidencia la importancia del montaje en la creación del significado, reubicar una imagen implica crear significado, esta forma de funcionar es muy similar a la de las palabras, las imagenes de un "cuadro" del Atlas se portan exactamente como las palabras en un texto.

Es un viaje temático, una navegación hipertextual. Los elementos dialogan a formar un significado que a su vez reenvía a otro y finalmente el mundo, o mejor una parte de él, ya que el Atlas no tiene la pretensión científica de ser exhaustivo, se recompone.


No se exponen cuadros, ni esculturas, lo que expone es de naturaleza muy distinta: desde reproducciones fotográficas de grandes obras de arte, documentos escritos, cuadernos de trabajo de escritores o artistas, fotografías originales o no, que a pesar de "La obra de arte en su época de reproducibilidad técnica" entran con todo derecho al museo Reina Sofía. Lo que a Didi-Huberman interesa es como funcionan las imágenes, como declara en una entrevista: "When we look at images we should summon up verbs to say what they do, what they do to us, and not just adjectives and nouns in an attempt to say what they are." le interesa además la imagen como proceso, no como resultado "We need to think of the image as imagination, that is to say, as the process of formation of images.". La definición de imaginación que considera, es la de Edgar Allan Poe, que la contrapone con la fantasía, la imaginación para los dos es: "an almost divine faculty which perceives immediately and without philosophical methods the inner and secret relations of things, the correspondences and analogies."


Su interés por el dialogo de las imágenes no es nuevo, sino heredado directamente de Aby Warburg, que definió su Atlas Mnemosyne: "un museo de la historia de la psicología de las orientaciones intelectuales", allí el historiador reordena imágenes por conceptos e investiga las relaciones entre ellas. El resultado es un atlas antropológico de los mecanismos de conocimiento y de la formación de la cultura: "Dans le caos j'entame une première dignation de toutes les possibilités larvées que un jour formèrent la culture". Didi-Huberman ve en el historiador el iniciador de un nuevo método para escribir la historia del arte, un método heurístico, que describe "L'histoire de l'art comme un savoir-mouvement des images, un savoir en extensions, en rélations associatives, en montages toujours renouvelés, et non plus un savoir en lignes droites, en corpus reclos, en typologies stabilisées", "...ce que peut devenir avec Warburg une histoire de l'art dans l'ère de sa reproductibilité en mouvement".


Mientras Warburg, que realizó su obra en 1924-29 se dedicó sobre todo al arte antiguo con especial interés para el Renacimiento, la exposición actual se centra en el arte del los siglos XX y XXI, se mantiene, como en el Atlas Mnemosyne, el área temática de la guerra y de la locura. La vida de Warburg fue marcada por la primera guerra mundial y él mismo sufrió problemas de enfermedad mental en la época de gran interés hacia el psicoanálisis, debido a los estudios de Charcot, Freud y Jung. Paralelamente en la primera sala de la exposición encontramos Disparates y Caprichos de Goya y en la última fotos de los genocidios de la segunda guerra mundial y vídeos de los bombardeos durante las guerras del Golfo. Hay críticos que han observado que Warburg operó en su área de saber como Freud en el psicoanálisis, el trabajo de arqueólogo que el psicoanalista hace en la mente humana para explicar obsesiones y miedos, el historiador del arte lo hace en el mundo de las imágenes para explicar los complejos orígenes de una escuela, de un estilo o de una obra de arte. Es así que descubrimos los álbumes de fotografías de vegetales de Paul Klee o las fotografías aéreas, de obreros y de guerra de Bertold Brecht.

Visitar Atlas es como navegar por enlaces hipertextuales, cada uno de los cuales lleva a la pagina, el espacio, la mesa de creación de un artista y de esta pasar a otra. Es como vivir el milagro de la creación por el camino de inéditas asociaciones de elementos banales para crear significado original. Un viaje fascinante e intimo entre los bastidores de la cultura contemporánea.

lunes, 10 de enero de 2011

Ya es mañana en los museos

Arturo Melero

El Museo Centro de Arte Reina Sofía, con la exposición ATLAS ¿Cómo llevar el mundo a cuestas?, se ha posicionado como ya venían haciendo la Tate o el renovado MoMA del lado de los museos que se cuestionan cada vez más los ya anticuados sistemas para estructurar y “construir” el pasado, todavía marcados por las pautas que nos dejó el museo ilustrado alumbrado en la Revolución Francesa.

Atlas Mnemosyme es el testamento metodológico más importante que nos dejó Aby Warburg para que el museo ya no sea un mero mausoleo donde yacen las obras de arte muertas (obras con las que el espectador no tiene una relación vital) ordenadas por una mirada meramente cronológica como si sólo se tratara de la historia documental de la imaginación occidental. Invita a que sobre esas ruinas tengamos la posibilidad de ordenar, exponer y comunicar todo aquello que queramos. Podemos empezar de cero con total libertad porque Atlas contiene todo lo que la biblioteca contiene, y contiene también a la biblioteca.

Como en la arqueología, cada artefacto allí expuesto es original y explica el “significado” de una historia subsiguiente más amplia. Pero no desglosa los objetos según categorías preestablecidas, definiciones rigurosas o jerarquías ideales: se conforma con recoger/respetar el gran troceamiento del mundo. Al trocear ese mundo y la historia presente surgen algunos anacronismos que sólo se entienden con una descomposición genealógica y arqueológica que revela sus síntomas y movimientos inconscientes.

En el caso del Atlas Mnemosyme, las piezas que conforman la muestra reconstruyen el presente histórico mediante imágenes con vocación crítica en reacción a dos experiencias fundamentales como son la guerra y la locura. A.W. evita clasificar esa cantidad ingente de objetos singulares por cuestiones puramente formalistas y prefiere un orden morfológico (algunas veces morfogenético), en el que los lugares y las temporalidades conviven en la misma cosa para de algún modo, esas obras reunidas allí por afinidades electivas, sean una manera de ver el mundo y de recorrerlo según puntos de vistas heterogéneos asociados unos con otros dependiendo de los desplazamientos, derivas conceptuales, visuales, sentimentales y políticas del espectador.

Es imposible hacerlo con un cuadro sintético.

Un archivo así no sólo trata aspectos relacionados con el pasado, sino también con el futuro. Atlas es una Historia del Arte transdisciplinar, basada en una alianza entre la creatividad de los artistas, los historiadores del arte, los teóricos culturales y la gente de las Humanidades. De nada sirven aquí las eternas discusiones entre las visiones modernas y las posmodernas. La Historia del Arte es un problema demasiado grande para cualquier disciplina aislada que pretenda defender el postulado de la verdad. En Atlas no sólo son importantes los objetos artísticos sino los procesos intelectuales, las actitudes éticas y la propia creatividad para reconstruir una historia móvil que se puede montar, desmontar y remontar continuamente para propiciar encuentros diversos y generar paralelamente múltiples espacios de pensamiento tanto en el Reina Sofía como en cualquier otro museo.

Autores de apoyo: Douglas Crimp, Griselda Pollock y Serge Gilbaut.


domingo, 26 de diciembre de 2010

Astros e Hígados

Elisa Rodríguez M.

Que se aleje del experimento Atlas (modestamente llamado exposición), quien no se atreva a dejar un buen par de horas a sus neuronas jugar a la sinapsis orgiástica que invoca tal desparrame de imágenes.

El valiente que entre en esa Casa de Asterión, no verá defraudadas sus expectativas de placer ni de conocimiento, porque la creación de Warburg ha abierto un camino de saber y de gozo paralelos que, como todo lo delicioso de la vida, tiene trampa. En el caso de Atlas, el riesgo es que al abandonarla no se esté tan ligero como al entrar, si no que inverosímil e invisible, se lleve sobre los hombros un fardo que hubiera hecho tambalearse al mismísimo Handlanger de Sandler.

Atlas es un espacio-tiempo pleno de contrastes que obligan a abandonar la indiferencia cotidiana y a proponer vínculos. La sociedad está inmersa en imágenes que impactan en mayor, menor o nula medida. La saturación va anestesiando al individuo poco a poco y la lucha contra la pérdida total de la conciencia lo deja con una sed de violencia visual que va in-crescendo.

El bombardeo de formas es tan constante como perecedero su efecto, en una vida veloz cada sensación debe dar paso a otra nueva sensación ¡rápido!

Pero:

La precocción de las ideas ha atrofiado la capacidad de imaginar. La dialéctica de las imágenes puede parecerse a priori a una charla en arameo y el individuo es incapaz de asociar creativamente a primera vista, porque busca el esquema establecido y se lo han cambiado de góndola en el hipermercado. ¿El Klee del Angelus Novus coleccionaba florecitas? es necesario un ejercicio de vaciado de vivencias para poder leer sin idioma, para sentir el vértigo de esa vista de pájaro a la mesa del creador, justo un segundo antes de que amontone en un rincón las fotos del billete retorcido de autobús, el pan estilo moderno y el ornamento involuntario de dentífrico, para poner encima de la superficie una bandeja con su desayuno.

Ese hurto del instante obliga a preguntarse por los vínculos recónditos que Brassaï trazaba entre las Esculturas Involuntarias, como trata el incauto de apropiarse de la visión del tarot antes de que Madame Leonie vuelva a barajar (sí, además de la mano lee las cartas).

El spinning mental que implica la asociación libre de imágenes deja exhausto en las primeras estaciones de Atlas al individuo no habituado a pensar por gusto. A lo mejor, alguno abandona por parecerle inabarcable. Sin embargo el efecto que se produce al avanzar es el mismo que al apagar la luz de la habitación, cuando se va perdiendo gradualmente la ceguera inicial. Aparecen sutiles los lazos que unen las cosas y a la altura de la Medusa de Williams comienza un atrevimiento infantil a inventarse el sentido de todo aquello, leer la Acera de Matta-Clark, desear llevarse a casa el Malecón de Smithson como un mapa del tesoro… ¡Ah, la dulce irreverencia de rostro tan olvidado!

Al doblar una esquina del laberinto, se da de bruces con la guerra que transcurría dentro de la cabeza de Heartfield mientras fuera Hitler perpetraba su estrategia. Inquieto, el individuo se aleja con las batallas imaginadas a partir de fotos recortadas.

De golpe, la vida nuevamente, en forma de deseo, hedonista, gestual y voluptuosa, hay que permitirse armar el apasionado Monstruo de Frankenstein ¡mejor el de Ghérasim Luca! Paladear lentamente Le Phenomène de L´extase para darse el gusto de borrar la línea entre erotismo y religión. O reescribir más perversamente Freak Orlando.

Luego el cúlmen en punta de navaja. Era de preverse que en algún momento el Titán flaquearía en mantener separado el cielo de la tierra, los astros de los hígados. Todo confluye sublimemente en el Rito al arrodillarse para besar el pie del santo, de bronce.

El individuo ya es otro, ha jugado con las imágenes y ellas con él. Se lleva la mente repleta y le pesa, porque Atlas continúa allí. Afortunadamente, a diferencia de Alex después de una sesión de Ludovico Technique, podrá seguir disfrutando la música clásica (y a lo mejor ni le cause nauseas la violencia).